Lo que el viento (o el aeropuerto) se llevó – EXTRACTO

De los cabos sueltos que dejé a lo largo de mi vida, reencontrarme con esa persona era uno de los que más me apremiaba; los años habían creado un hueco que sólo la imagen de su rostro podía llenar. Por supuesto que pensar en viajar no iba a aparecer pasajes, pasaporte, visa y todas las demás cosas que iba a necesitar; pero ahora tenía algo que antes no: tiempo, y con eso me puse manos a la obra, poniendo como fecha tope tres meses a partir de ese día.

Ver atrás se hace cada vez más difícil a medida que el tiempo pasa, y el cuerpo tiene muy mala memoria; habían pasado seis años desde la última vez que vi su rostro y ya no recordaba cómo se sentía el roce de su piel, o la caricia de su aliento en la nuca cuando me susurraba con lujo de detalle lo que me haría cuando me tenía en sus brazos.

Qué fácil era distraerme cuando pensaba en lo que habíamos vivido, pero me negué a seguir viviendo en los “qué habría pasado”. Por una vez en la vida iba a hacer lo que fuera necesario para darle resolución a lo que sentía, la duda y el deseo me estaban devorando, y la libertad que había ganado la iba a utilizar para terminar de una vez por toda con la incertidumbre.

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